Manos a la obra. España necesita líderes que contagien alegría.

Si pudiéramos hacer un ranking con las palabras más utilizadas en los dos/tres últimos años en el ámbito empresarial, la ganadora –con gran diferencia sobre la segunda clasificada- sería la palabra “crisis”. A pesar de que algunos se empeñen en demostrar con datos –seguramente ciertos- que vamos por el buen camino, la crisis está erosionando nuestro ánimo y espíritu colectivo.

Somos conscientes de nuestras emociones individuales, y desd534352_10150842925146496_1249716237_ne hace relativamente poco tiempo se están realizando estudios científicos sobre las emociones colectivas por la importancia de las mismas, de hecho, las pudimos observar y sentir muy en positivo a nivel nacional cuando la Roja ganó el Mundial y en negativo muchos de nosotros podemos participar del tenso ambiente colectivo que se mastica en las empresas, cuando los números no salen.

Las emociones se contagian, y especialmente las emociones negativas, como la tristeza o el miedo, que se contagian más rápidamente que las positivas como la alegría. Algo que hay que repetir a muchos jefes –no líderes– que se empeñan en entrar día a día en sus despachos con semblante tenso y sin apenas saludar.

Cuando las emociones se prolongan en el tiempo llegan a convertirse en estados emocionales que definen caracteres. Por eso, hay personas que son extremadamente miedosas aún en condiciones favorables y otras que viven sumergidas en una profunda melancolía aunque a su alrededor disfruten de diversión y alegría.

Después de trabajar varias semanas en Centro América y México, al regresar a España he notado una gran diferencia de estado de ánimo. Aquí se habla de recortes presupuestarios, de la prima, de la bolsa, tibias esperanzas sobre el futuro mientras que Centro América, Sudamérica y México siguen creciendo, siendo un espectáculo de optimismo (que me recuerda a los años de bonanza de España 2006,2007) pareciendo bastante ajenos a la realidad que vivimos en la vieja Europa. Por supuesto, estos países tienen otras dificultades y otros retos diferentes a los nuestros, pero el ambiente emocional que se vive en sus círculos empresariales dista mucho del nuestro. Espero que copien lo bueno de Europa para que no se vean en un futuro sumergidos en nuestra melancolía. En estos momentos tenemos que escapar del estado anímico de España y contagiarnos del de estos países.

580116_10150837396261496_632106445_nComo me dijo en el avión de vuelta un directivo mexicano de una multinacional líder mundial en exportación: “España está triste”. Y después de pasar una temporada por allí, ratifico su punto de vista. Por ello, tendremos que incluir en nuestras actuaciones empresariales, como impulsar la innovación y el liderazgo, sin olvidarnos de los estados de ánimo que nos envuelven. Si no trabajamos el optimismo personal y el de nuestros equipos, difícilmente podremos salir adelante. Hay tristeza, es cierto, pero también somos afortunados por las muchas posibilidades de las que disfrutamos y que otros no pueden tener a su alcance, así como por todas las lecciones que hemos aprendido en estos años de retroceso y que por suerte ahora tenemos que poner en práctica, deberes pendientes (que el crecimiento tan rápido no nos dejó poner en práctica), como: trabajar por la mejora continua, por la competitividad, “por la superación día tras día, siendo talibanes de la eliminación de las operaciones que no aportan valor y que por tanto nos quitan del primer puesto como empresas”, satisfacción de nuestros clientes (pero no de boquita, como se ha venido haciendo, sino de verdad, poniéndonos manos a la obra) .

Por suerte, (y digo por suerte porque el comentario, saca a la 558435_10150891299031496_19555373_nluz que tenemos posibilidades, deberes por realizar), el comentario común de las empresas que ayudamos con proyectos de competitividad a lo largo de los dos, tres últimos años es “¿Si hubiese hecho esto hace 5 años”?, pero otro problema es nuestra visión a corto plazo y no a medio/largo plazo. Hace cinco años, la falta de competitividad y productividad de la mayor parte de las empresas Españolas era la misma que la actual, pero siempre quedaba dinero, había exceso de trabajo y a la vez mucho margen, por lo que las empresas pensaban que no necesitaban mejorar. Hoy se ha dado vuelta a la tortilla y ya no hay márgenes por lo que las empresas que no sean competitivas, den un exquisito servicio a sus clientes, o no se preparen para ello, no tienen cabida en nuestro mundo empresarial cada día más agresivo y competitivo, donde los mercados emergentes ganan terreno y además con ventaja si aprenden de los errores de la vieja Europa, por ello a todos, MANOS A LA OBRA.